The blog of Faber.

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Mirando atrás.

Así como el sol que resplandece a la mañana y muere a la tarde en una rojiza confusión celestial que tiñe las nubes e invita a observar el horizonte como se observan los pincelazos  de una obra terminada, así de abiertos y (al fin) inexpresivos mis ojos observan lo que fue con la seguridad de saber que existió y fue grandioso. Luego de ese atardecer en el que dejamos de ser uno, mi camino se hizo mas difícil de transitar. Como un soldado sin patria me enfrentaba al mundo con la sola idea de, a veces, resistir los golpes que me asestaba y otras, aferrándome a cosas que no iban a soportarme demasiado. Cuando vuelvo hacia a tras mi recuerdo no puedo evitar preguntarme el porque de tantas cuestiones. No puedo entender como tan rápido pasó todo lo que creíamos sería eterno. Y es que tal vez esa promesa de eternidad solo se encontraba en nuestras cabezas verdes llenas de utopías e ideales y nosotros sabíamos que las utopías son necesarias pero entendíamos la incompatibilidad entre las utopías y el mundo real. Aún así luchamos con la fe ciega que nuestra juventud nos proveía cada día al levantarnos. Durante mucho tiempo la realidad nos golpeó con fuerza como nos golpeaba el viento en la cara cuando íbamos en bicicletas a la escuela. Aún así seguíamos pedaleando sonrientes por sabernos invencibles mientras tu pelo  se soltaba como una flama de libertad inextinguible que no quemaba mis manos y me hacía sentir eterno.
Quiso la vida que el sueño se acabara. Nos convirtieron en personas que dejaron de sentir para comenzar a ser personas que pensaban. Llenaron nuestras cabezas de individualismo y soledad, nos mostraron que los sueños simples son los mas difíciles de perseguir.
Empezamos a ser críticos y a tener miedo del mundo. Dejamos de disfrutar y empezamos a quejarnos de todo. Olvidamos que el brillo de los ojos y el aire en los pulmones eran suficientes para sonreír. Comenzamos a soltarnos las manos y nuestras miradas dejaron de encontrarse y entenderse. Nos confundieron los corazones galopantes de entusiasmo y comenzaron a latir presa del miedo y la desconfianza. Empezamos a sentir frío y dejamos de encontrar abrigo en los brazos del otro. Poco a poco fue muriendo lo que entendimos al fin era nuestra felicidad. Tragos amargos de lágrimas y soledad bajaron por nuestras gargantas que alguna vez rieron en primavera para amargar nuestros corazones. Mil y un fracasos sobrevinieron luego y mil y un errores cometimos. Cuando dejamos de sentir todo comenzó a ir mal. Nuestros cuerpos se perdieron en la sombras de un invierno triste y ni el deseo mas grande de volver a ser sirvió para evitar esta pérdida.
No obstante aun recuerdo tu sonrisa y sonrío por dentro,  nadie sabe que aún hoy el recuerdo de tu voz dibuja una sonrisa en mi rostro y que en los momentos de silencio de la pesada cotidaneidad de esta vida adulta suelen verse iluminados por las chispas del recuerdo mas hermoso. Y aún esta la promesa del amor que existió antes que nuestros cuerpos se encontrasen y siguió viviendo cuando nuestros corazones empezaron a latir a destiempo. Es la promesa de volver a encontrarnos en otro amanecer, cuando el mundo vuelva a sentir, cuando nuestros ojos se vuelvan a encontrar en aquel momento que la matemática aún no predijo ni la historia escribió. Va a ser un momento mágico en el que nuestras almas volverán a ser una y creo sobre todas las cosas que ese momento será, al fin, eterno.

Faber.

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